miércoles, 12 de noviembre de 2008

Música de alto vuelo

Armando Palomas, el maldito rocanrolero mexicano
Yo te invito a deshojar un calendario
a reprobar todas las materias de esta vida
a burlarnos de las tiendas para novias
a recordarle la madre a un policía.

El corazón no se arruga el culo es el que envejece
a aplaudir en las salas de los cines
agregarle palabras al diccionario
a viajar en autobuses sin destino
que rasures mis penas con tus pecados.

EL CORAZÓN NO SE ARRUGA, Armando Palomas.


Texto de Felipe Revueltas

No es el veterano cantante que esperamos los peruanos cada cierto tiempo (aquellos músicos pasados de moda, arrugados y necesitados de recuerdos llegan a nuestro país para vivir un falso segundo tiempo), no es el de moda, no es el muchachito bonito manufacturado por Walt Disney ni el músico pulido por la varita mágica de Emilio Stefan. No es el que se pasea por todos los canales de Tv para promocionar su último disco, ni se deja ovacionar por adolescentes ni fotografiar por las ancianas de programas de mediodía… y aún así, sin toda la batahola olvidable que cargan consigo los músicos de “éxito”, ha logrado adictos que se saben sus canciones, partidarios de la música urbana-cochino-marginal que lo sienten tan amigo, tan puto y jodido como cualquier amigo que conoces en alguna parranda cualquiera en un fin de semana cualquiera; donde se empieza con cerveza, se sigue con pisco y se termina en cualquier muladar, orinando en la calle, vomitando en la vereda o bebiendo cualquier cosa en estado líquido y fumándose los dedos, los cabellos y los tubos de escape de los micros y combis que no quieren recogerte.

"Yo soy solamente un fulano que se divierte con lo que hace, que nací en Aguascalientes, que me encanta la pinche fiesta, que los sábados sin ti me parecen lunes, que suelo viajar y regresar sin pedirle permiso a nadie, que me vale madre lo que piensen de mí porque al fin y al cabo... ¿quién tiene otra botella de tequila que me venda?, ¿quién tiene al dealer más cercano?, ¿quién tiene una estrella para pasármela con aguardiente...".


Armando Palomas (Armando Jimenez Veloz de nacimiento), nació en Aguascalientes, tiene 41 años y hace música alternativa, a veces solo rock, a veces mambo con hip hop, cumbia, blus, a veces las mezcla todas y crea un ritmo nostálgico-melancólico-alcohólico que acompaña con letras originales, inspiradas en la mera vida mediocre (pero interesante) del ciudadano sin esperanza de México y de toda Sudamérica. Hace poco (el agosto que pasó) tuvo un accidente que le hizo hacer algo que usualmente no hace porque le quitaría la alegría, la esencia, el apego a sí mismo: recapacitó. Pero los conocen juran que esos dolores y estados de ánimo son pasajeros y ya lo verán riéndose de sí mismo y de las palabras que dijo porque la cabra siempre tira pa’ el monte y yerba mala nunca muere y todo lo que quieran porque el chile es de México y el Pisco es peruano y que salud wey!

Sus canciones son auténticas crónicas de la urbe (también de la ubre). Los temas usuales, son los desengaños, las parrandas mexicanas, la locura, el suicidio, la vida mundana, la vida sin preocupaciones o demasiadas preocupaciones. En sí, temas de cada día, fútbol, beisbol, mujeres feas y bonitas de largas piernas, amores imposibles y amores fáciles, vidas de hombres comunes que en realidad encierran más que un mundo interesante dentro de sus harapos y sus malas costumbres sociales. Las letras parecen salir a flote a cada segundo, con cada trago que pasa, como si el bolígrafo le hiciera el amor con desorden a la hoja y la hoja se haga la difícil, la interesante. Aquellas letras rozan la cruda realidad, y no solo la rozan, sino también la rasgan, la trituran, se pierden en las sucias y contaminantes calles del DF, calles hermanas de cualquier país latinoamericano, llenas de gente apurada, de ebrios sin casa, de prostitutas viejas, de recuerdos olvidados en las esquinas, de paredes pintadas a vómitos, de otros recuerdos acuñados en los zócalos del yeso, de la pintura barata, del adobe raído.

“Soy admirador de la Sonora Santanera, de Tin Tan, de Chava Flores, José Alfredo, de Rigo Tovar, de los Acosta, de Joaquín Sabina, Andrés Calamaro, de Javier Corcovado. Lo que yo hago es amalgamar, fusionar varios ritmos y dándoles ese toque característico que es el humor negro o el humor del mexicano…”

Músicos de México, público, críticos, sobones, comentaristas deportivos, de cocina y borrachos, lo consideran uno de los mejores exponentes y representantes del rock mexicano (los últimos discos que grabó aseguran esas etiquetas). Incluso se le ha declarado como músico y compositor de culto -término que le debe importar poco- pero que se confirma cuando es reconocido por oyentes de otros países que ríen, se identifican y disfrutan de las canciones y conciertos en su totalidad. ¿A quién no le gusta un cantante franco y sincero que no se mide en palabras al opinar de otros cantantes o sobre lo que pinche sea? ¿Para qué pensar en lo que dirán los programas de Tv, las emisoras o los anunciantes?

Según sus palabras, la carrera musical de Palomas empezó trágicamente, “tuve que chocar un carro para luego venderlo y de alguna manera… mmm... estoy bien crudote… disculpa, ya me fui por otro pinche lado…”. En realidad empezó desde niño, cuando apenas se daba cuenta de que el mundo le daría el trasero porque el tipo era refeo y halló en una guitarra, la música y las letras pendejas, una manera de llamar la atención y olvidarse de esa fealdad que crea un charco de conflictos emocionales destinados a desaguar en una cantina improvisada en la vereda.

La irreverencia, la soltura de huesos y de lengua, le han valido más de un insulto que en vez de bajar su ánimo, lo alimenta más, como a un monstruo que come basura y seres humanos para ser más fuerte. Armando Jiménez Veloz, juega a ser él mismo y es uno de los pocos que cae bien al hacerlo. Por poner un ejemplo, él se ufana siempre de haber sido el primer cabrón que le mentó la madre al presidente Fox (que después lo hayan insultado a rabiar, eso ya no importa, él fue el primero, cuando Fox era un importante candidato), desde el escenario, lo que provocó que lo sacaron a macanazos. Al final, asegura Palomas, Fox lo felicitó por tal gesto y todo quedó de la chingada madre. Aunque de tanto jugar a ser él mismo, el último agosto sufrió uno de los embates más traicioneros de la pelona, ataque que casi se lo lleva a ofrecer conciertos bajo tierra.

“Estoy un poquito harto de mí, estoy harto de estar atado a las consecuencias que yo mismo provoqué, estoy atado a la pinche droga, estoy atadísimo a la pinche cocaína, estoy atadísimo con el alcohol, estoy atadísimo a tantas cosas y eso ya no me hace ser un wey libre y yo sé que este rollo del escenario está muy conectado con todo y me quiero liberar de todas esas ataduras, quiero decir… tengo ganas de dejar la droga porque no sé por salud, ni siquiera es por eso… es que ya no estoy ni siquiera a gusto con eso, estoy harto entonces es uno de los principales motivos que quiero ser un cabrón libre y estoy en el retiro es la puerta de salida para todo eso…”

Su facha de no me importa lo que opines, su corte de no me-gustó-el-pinche-cole, su voz de pásame-el-tequila-que-sobra-en-la-otra-mesa, y su actitud tan loca y cuerda de la vida lo han hecho un hombre que no envejece de corazón, sino solo de culo, que se fuma tabaco en las azoteas, se roba la propina de las mesas, se burla de la tienda para novias y brinda con pan y vino en un motel. Un desentendido muy entendido que a veces se pone serio y habla de su pronta inserción a la sociedad y luego claudica porque no más era broma.

Por lo que fuera, el grifo Armando Palomas, sin un pinche centímetro de humildad y sin pensar en que dirá algo que pasará a la posteridad con la sobrevaloración de los medios sensacionalistas, asegura que ya se ganó un sitio en la historia de la música mexicana. Pese a ser acusado de cocainómano y hablar desde el insomnio, muchos han tomado con buena actitud las críticas ácidas hacia cantantes de moda, o no tan de mora como Alex Lora, del Tri. Y es que si uno es bueno en lo que hace, el resto se perdona, o se olvida o pasa a ser una anécdota, un paroxismo necesario que tiene cada artista para seguir sobreviviéndose a sí mismo dentro de su complicado, caótico y esquizofrénico ser que quiere salir de nuestros cuerpos, acuchillándonos por dentro.


CANCIÓN DEL MUTILADO
Luna, tú como ves, no tengo pies
pues me los corto un juez.
Luna, de mis hermanos, no tengo manos
me las carcomieron los gusanos.
Luna, no tengo lengua, ni tengo boca
me la taparon con estopa
Luna no tengo tripas, ni tengo dientes
me los clausuraron para siempre.
Y me dicen mil nombres para detenerme
porque no pienso igual que toda la gente
que ve televisa y yo ni de broma veo telenovelas
gavilán o paloma.
Y me dicen cholo, pacheco, pasado, hippie, punketo,
mechudo, rapado, muestrario de aretes, pachuco
arrumbado, rebelde macizo, orador traumado, músico
piojoso, poeta frustrado, pintor de 2da. y 3ra. mano
skato, sandino, rockero tumbado, marquista, guevaro,
rojillo tatuado, loco, orate, avionado y demente
y todo por ser diferente.
Pero tengo calzones, pero tengo pasión,
tengo fe y pantalones y una que otra oración,
yo quiero un cambio, una revolución.
Y aunque no tenga pies ni manos ni boca,
Tengo una guitarra que toca y retoca
la misma canción.
Y dice viva, viva la revolución!!


LA GOLFA Y EL GRIFO
Y era la misma que cuando era adolescente
tiró mi amor en la clase de sociales
y cuando todos le rendían a la bandera
yo le rendía con lujuria honores a sus caderas.
(…) Y casi ya pasaron 15 abriles
pa' poder darte un beso en la mejilla
espero que'l don pedro haga efecto
pa' poderte morder la pantorrilla.



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http://www.armandopalomas.com.mx/